La agricultura baja en carbono: el próximo dilema

Cuando empecé a pensar en qué artículo podría redactar para mi última colaboración con este boletín informativo me pareció que el tema de la agricultura baja en carbono era la opción obvia. Se trata de un tema que me interesa personalmente porque tengo una granja ecológica en las afueras de Salzburgo (Austria) que ha hecho que me concentre en la agricultura sostenible. Actualmente estamos llevando a cabo el proceso de transformación de una granja tradicional en una ecológica de acuerdo con los principios de la permacultura. Si bien siempre me seguiré sintiendo un activista climático, me entusiasma la idea de ponerme manos a la obra y probar directamente, sobre el terreno, técnicas de bajas emisiones de carbono para contribuir personalmente de algún modo a resolver el problema de la agricultura y el clima.

¿Cuáles son los problemas de las emisiones generadas por la agricultura?

Está bien documentado que la agricultura es uno de los sectores con las emisiones más elevadas de GEI en el planeta; a continuación enumero algunos de los motivos en esta lista que no es definitiva:

  • La mayor parte de las emisiones generadas por la agricultura procede de la producción de carne o leche. En particular de la carne roja (vacuno), que genera metano entérico, un gas de efecto invernadero muy potente que es hasta 84 veces más perjudicial que el CO2.
  • Los cambios que generamos en las tierras con la finalidad de crear pasto para animales o cultivos agrícolas a través de la deforestación tienen consecuencias dramáticas.
  • Muchas actividades no agrarias, pero relacionadas con el sector, son responsables del aumento de las emisiones de carbono de la agricultura, en particular la producción de fertilizantes y las emisiones de óxido nitroso derivadas.
  • Además, se deben tener en cuenta las actividades agrarias que requieren grandes cantidades de energía (procedente de combustibles fósiles), como los sistemas de riego o los de calefacción de los invernaderos.

 

¿Qué se puede hacer?

¡COMER MENOS CARNE! EN PARTICULAR, CARNE ROJA

Es muy difícil reducir las emisiones del sector agrícola; esto es algo sobre lo que muchos en Europa y en otras partes del mundo llevan años reflexionando para tratar de encontrar soluciones. La dura realidad de la situación es que el sector tendrá dificultades para lograr grandes reducciones mientras los modelos de consumo sigan fomentando el estilo industrial de producción agrícola. Esto solo acabará cuando la población de los países desarrollados (y emergentes) se dé cuenta de que el actual sistema de oferta y demanda de alimentos no es sostenible a largo plazo y que debe cambiar. Pongamos como ejemplo un informe reciente sobre el cultivo de soja en tierras deforestadas de Brasil para la producción de pienso para pollos destinados a McDonalds y muchos supermercados del Reino Unido. Estas son solo algunas de las malas prácticas que se han destapado, y se relacionan con la cría de pollos. Si incluimos al ganado vacuno, el problema crece de un modo que es imposible cuantificar.

Algunos estudios han concluido que si las personas que consumen carne roja redujesen la cantidad de dicha carne en su dieta habría una disminución importante de emisiones: comer carne roja solo una vez a la semana supondría una reducción del 58 % en GEI derivados de la agricultura en todo el mundo. Por supuesto, esto es más fácil decirlo que hacerlo; se trata de elegir un estilo de vida que el público en general no ha adoptado y que no se fomenta lo suficiente.

LLEVAR LOS INDICADORES ECONÓMICOS LEJOS DE LAS DIETAS RICAS EN PROTEÍNAS

El mundo desarrollado no puede seguir fomentando las dietas con un consumo excesivo de proteínas y carnes y pretender alcanzar, al mismo tiempo, sus objetivos climáticos. La prosperidad del mundo occidental y sus conductas alimentarias han influido sobre las sociedades con economías emergentes y en desarrollo, que aspiran a alimentarse del mismo modo, lo que además está incrementando las tasas de obesidad y enfermedades cardiovasculares. No es, por tanto, de extrañar que haya tanta gente preocupada por las pandemias actuales y las del futuro. El estilo de vida poco saludable que muchos han establecido como un indicador de éxito disminuye nuestras posibilidades de supervivencia a largo plazo.

REDUCIR LA PRODUCCIÓN DE FERTILIZANTES

La producción de fertilizantes es una de las principales fuentes de emisiones aguas abajo en el sector agrícola. El uso de fertilizantes para impulsar el crecimiento futuro en el sector agrario está disminuyendo rápidamente a medida que las sociedades se dan cuenta de los daños a largo plazo que ocasionan todos los años los monocultivos y los correspondientes ciclos del suelo determinados por sustancias químicas. Existen diversas ideas para tratar de solucionar este problema, como el uso de bacterias fijadoras de nitrógeno, que pueden reducir drásticamente la necesidad de fertilizantes. No obstante, como ocurre en tantas áreas de la acción climática, esto supone una amenaza comercial para las empresas, por lo que el camino que las llevaría al mercado está repleto de obstáculos.

MÁS PARTICIPACIÓN EN LA AGRICULTURA ECOLÓGICA

Puesto que los sistemas naturales están cada vez bajo mayor presión, los agrónomos deben encarar el futuro con una mentalidad abierta. Necesitamos una nueva revolución agrícola que dé como resultado un sector sostenible y bajo en emisiones de carbono, respaldado por programas públicos y con la participación de personas de distintos ámbitos, descentralizado a través de explotaciones más pequeñas y mejor gestionadas con una diversidad biológica saludable y que puedan adaptarse mejor a un clima en transformación. Por último, puesto que este tipo de práctica agraria es menos perjudicial para el medio ambiente, los consumidores también deben ser conscientes del coste real de los alimentos; debemos encontrar la manera de cobrar por ellos un precio que se ajuste a ese coste y dejar de subsidiar malas prácticas por costumbre. En Europa es muy importante armonizar la política agraria común con las prácticas agrícolas ecológicas en los próximos años.

ENERGÍA LIMPIA EN LA GRANJA

A día de hoy sería extremadamente difícil que una granja obtuviese la totalidad de la energía que necesita de fuentes distintas a las de combustibles fósiles, pero eso no significa que no pueda ser nuestro objetivo para el futuro. Si existen planes para el uso de pilas de combustible de hidrógeno en aviones, ¿no es posible que se pueda hacer lo mismo para un tractor? Todo es posible, pero primero debemos abordar lo que podemos hacer a corto plazo para reducir las emisiones en la granja; por ejemplo, usar energía renovable para los sistemas de riego o de calefacción del invernadero. Todo esto es factible y debe fomentarse pronto. Otro motivo por el que la nueva Política agrícola común de la UE contradice el objetivo climático más alto que se ha propuesto recientemente.

LENGUAJE NEGATIVO

¿Qué sucede con las «emisiones negativas» en la agricultura? Para los fines de este artículo, no voy a entrar en el debate, complicado e inconcluso, de las ventajas y desventajas de las emisiones negativas o la absorción de dióxido de carbono. Sí diré que el término se refiere a la eliminación de carbono de la atmósfera mediante el uso de diversas técnicas o soluciones basadas en la naturaleza. Muchas personas confían en tecnologías sofisticadas que eliminan de forma activa el carbono de la atmósfera y lo almacenan en depósitos subterráneos y otros lugares. Estas tecnologías serían interesantes si funcionasen a una escala suficientemente grande para lograr las reducciones necesarias. Sin embargo, su funcionamiento a gran escala sería costoso y muchos se preguntan cómo monetizarían las empresas esas prácticas sin tener que depender de grandes programas de compensación para sustituir la contaminación generada en otros lugares. (Recomiendo el  artículo de mi compañero Wijnand para quien desee más información sobre este tema).

No obstante, quiero comentar algunos ejemplos que quizás yo mismo ponga en práctica. En primer lugar, nos sentimos muy orgullosos de haber completado ya en nuestra granja la primera etapa de un programa para plantar 200 árboles. La semana pasada terminamos de plantar los primeros 90 árboles y tenemos previsto plantar otros 120 el próximo año. Son manzanos y perales y en el futuro habrá también árboles de frutos de cáscara, que ofrecen un incentivo económico. Todo esto conlleva tiempo y esfuerzo. Sin duda, los árboles supondrán más trabajo. Es más difícil que mantener solo praderas, pero permitirá absorber carbono y al mismo tiempo proporcionará fruta a las próximas generaciones. No todo el mundo en el sector agrario piensa como nosotros, por lo que es necesario ofrecer incentivos para la plantación de árboles (sumideros de carbono).

Más importante aún, a corto plazo la sociedad necesita encontrar formas de proteger los bosques que ya existen y no sacrificarlos para, por ejemplo, producir soja como hemos comentado antes.

GUARDARLO EN EL SUELO

Las tierras degradadas tienen un enorme potencial para una mayor absorción de carbono en el suelo. Una mejor gestión de estas tierras y la regeneración de las tierras de pastoreo podría ayudar a abordar el problema de la huella de carbono de la agricultura.

También hay aditivos naturales para los suelos que se usaban hace cientos de años y que se acaban de redescubrir, por ejemplo el carbón ecológico, que al añadirse al suelo aumenta su contenido de carbono. Además, permite mejorar la calidad del suelo, lo que da como resultado cosechas más productivas, y también aumenta la retención de la humedad del suelo, algo importante a medida que el cambio climático incrementa el riesgo de sequías en muchas partes del mundo.

En esta publicación de CMW y otros se ofrece información más exhaustiva sobre cómo abordar el problema de las emisiones del sector agrícola y por qué los mecanismos de compensación no son una buena solución