Cruceros contaminantes: es hora de exigir medidas medioambientales al sector de la navegación

El sector internacional de la navegación también se está viendo afectado por la pandemia de COVID-19 y toda respuesta gubernamental de ayuda debería acelerar el proceso hacia la neutralidad climática.

La navegación genera un 3 % de las emisiones de gases de efecto invernadero y este aporte podría crecer entre un 50 % y un 250 % para 2050 si no se toman medidas. Un estudio realizado en un puerto de Croacia puso de relieve que un crucero típico emite más de 1,2 toneladas de CO2e por kilómetro, lo que significa que cruzar el Atlántico desde el Reino Unido hasta Estados Unidos genera más de 6500 toneladas de CO2 en una dirección. Se calcula que un viaje en crucero genera emisiones de GEI comparables a las de un vuelo de ida y vuelta entre Londres y Tokio.  Además, la industria de la navegación no solo perjudica al medio ambiente y acelera la destrucción de nuestro sistema climático, sino que también pone en peligro nuestra salud con la emisión de otros contaminantes nocivos. En un día, un crucero puede emitir tantas partículas como un millón (!) de automóviles, y, en 2017, los cruceros de lujo que navegaron por aguas europeas emitieron una cantidad de óxido de azufre diez veces mayor que la emitida por los más de 260 millones de vehículos de pasajeros de toda Europa.

El sector bajo la lupa

A pesar de esto, actualmente no hay ningún acuerdo internacional sobre medidas a corto plazo en este sector, y mucho menos sobre la descarbonización de la industria de la navegación. Los fondos de recuperación que se están negociando en todo el mundo son una oportunidad para que los países exijan medidas medioambientales con la imposición de condiciones vinculadas a los subsidios financiados con ingresos fiscales.

En cuanto a los efectos relacionados con la COVID-19, la navegación es un sector heterogéneo. Los cruceros se han visto muy afectados por restricciones de atraque, suspensiones de flotas y una amplia cobertura mediática de  infecciones y muertes ocurridas a bordo (lo que ha llevado a llamarlos «hervideros flotantes de virus»). Al mismo tiempo, se ha observado una caída en la demanda de los buques portacontenedores como consecuencia de la disminución de la producción industrial y el comercio en todo el mundo. A pesar de eso, MAERSK, una de las empresas de portacontenedores más grandes del mundo, señaló que es posible que el sector en general no registre pérdidas en 2020. 

Condiciones

No obstante lo anterior, hay un denominador común en toda la industria de la navegación: la exigencia de rescates con fondos fiscales y de paquetes de recuperación. Por ejemplo, DP World, la empresa propietaria de P&O Ferries y del puerto de Southampton, entre otros, ha pedido 150 millones de libras al gobierno británico a pesar de que en 2019 registró unos beneficios de 1300 millones de dólares y de que este año pagará 270 millones de libras en dividendos a sus inversores.

Si los gobiernos deciden otorgar rescates o asignar fondos al sector de la navegación, es imperativo que se impongan ciertas condiciones. Tras años esquivando el problema de su impacto medioambiental, ahora se nos presenta la oportunidad de obligar al sector internacional de la navegación a, por fin, actuar. 

¿Qué condiciones deberían imponerse? 

  • En primer lugar, la financiación no debería dar como resultado más contaminación (contaminantes climáticos y de otro tipo), por el contrario, debería reducir las emisiones con el tiempo exigiendo inversiones en tecnologías que reducen los GEI (como los combustibles que no producen emisiones) y medidas operativas (como la desaceleración de los barcos; si se reduce en un 10 % la velocidad de una embarcación, las emisiones disminuyen un 27 %). 
  • En segundo lugar, en este sector deberían eliminarse los subsidios para combustibles fósiles y se debería garantizar que el sector pague un precio por la contaminación que genera. 
  • En tercer lugar, toda ayuda procedente de ingresos fiscales debería dirigirse también a las comunidades locales y los trabajadores del sector naviero; los beneficiarios no deberían ser los propietarios de buques contaminantes y sus accionistas. 
  • Por último, el sector y sus representantes deberían respaldar, de forma pública e incondicional, los objetivos y plazos para la descarbonización total del sector y dejar de dificultar las acciones internacionales dirigidas a abordar el impacto climático de este sector.

Estas condiciones no solo facilitarían la transición del sector de la navegación hacia la neutralidad climática, sino que además tendrían beneficios derivados importantes, como la mejora de la calidad del aire en las ciudades portuarias y en las rutas marítimas, y la creación de empleo en un sector sostenible.

El sector solo debe usar el dinero de los contribuyentes si empieza a hacer sus deberes, y los fondos para rescates y recuperación deben entregarse con condiciones medioambientales. Se trata de una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.