COVID-19 y el RCDE

En el mercado de carbono de la UE los precios se están desplomando como resultado del estancamiento económico, lo que subraya la necesidad de reforzar el sistema para que pueda resistir mejor otros impactos similares en el futuro. No deben escatimarse esfuerzos para detener la expansión de la pandemia del coronavirus, pero al mismo tiempo será crucial garantizar que las políticas climáticas europeas no se debiliten y que haya paquetes de estímulo que respalden el Pacto Verde Europeo.

La epidemia del coronavirus está teniendo consecuencias en todo el mundo. Los gobiernos están tomando medidas oportunas sin precedentes para el distanciamiento social, la única forma de detener la propagación del virus.

Las medidas de confinamiento han llevado a una desaceleración de la actividad económica que, junto a la especulación en los mercados, ha precipitado la caída del precio del carbono dentro del régimen de comercio de derechos de emisión de la UE (RCDE UE).

A 25 de marzo, el precio había caído casi un 40 %, alcanzando casi el mínimo de los últimos dos años: solo un poco por encima de los 15 euros por tonelada de CO2.

Efectos inmediatos

Hasta hace dos semanas el precio del RCDE UE rondaba los 25 euros por tonelada. Ese precio más alto ha ayudado a impulsar el abandono del carbón, un objetivo primordial para Europa. De momento, la actual caída en el precio no ha reactivado la generación de electricidad con carbón, pero lamentablemente ya ha mejorado la rentabilidad de las plantas de lignito.

Evidentemente, para los Estados miembros la disminución del precio supone menos ingresos procedentes de la subasta de derechos de emisión.

Cabe señalar que un representante del gobierno polaco ha propuesto eliminar por completo el mercado de carbono de la UE como respuesta a la epidemia del coronavirus. No comprendemos bien el motivo de esto, sobre todo teniendo en cuenta que el gobierno polaco ganó 2,2 millones de euros en subastas el año pasado y lo lógico sería pensar que incluso unos ingresos reducidos serían bien recibidos por todas las economías afectadas.

Un precio más bajo del carbono supone una exposición menor a la señal de precio del carbono para incentivar las reducciones en las emisiones. Esto es particularmente importante para los sectores industriales muy contaminantes (acero, productos químicos, cemento) y para el sector de la aviación. La repercusión económica en esos sectores se ve (parcialmente) compensada por unos precios del carbono más bajos. Esto significa que cuando los principales contaminantes piden más subsidios a agentes contaminantes, dichas peticiones son infundadas en su mayoría y deberían, al menos, evaluarse muy detenidamente.

¿Las herramientas actuales son suficientes para evitar un colapso total de los precios?

La Reserva de estabilidad del mercado (REM) del RCDE UE lleva desde principios de 2019 absorbiendo el exceso de derechos en el mercado, lo que era el principal motivo por el que el precio se situaba en 25 euros hasta la semana pasada. Continuará eliminando los excedentes y cancelará esos permisos más adelante. No obstante, la REM se diseñó para controlar la sobreoferta acumulada a lo largo de los años, y no resulta adecuada para controlar los excedentes actuales o futuros (relacionados, por ejemplo, con el COVID-19, la crisis financiera, los próximos cierres de centrales eléctricas de carbón, etc.)

Por lo tanto, es necesario reforzar la REM en el contexto de la aplicación de la legislación climática de la UE y de la próxima revisión del reglamento del mercado de carbono de la UE. Esto supone aumentar la tasa de absorción al 36 % a partir de 2024, adoptando un límite decreciente y estableciendo una cancelación automática para derechos mantenidos en la REM durante más de cinco años. Además, el ritmo al cual se reducen anualmente los permisos de emisión —el factor de reducción lineal del RCDE— debe aumentarse a al menos el 4,2 % para lograr la descarbonización del sector eléctrico e industrial en 2040 a más tardar.

Estaba prevista la inclusión de estas mejoras en propuestas legislativas del próximo año. Ante la volátil situación actual del mercado, la Comisión Europea debería intentar acelerar este proceso si los precios del carbono no se recuperan a medio plazo.

Mientras tanto, los gobiernos de la UE pueden ayudar a fortalecer el sistema con la cancelación de derechos excedentarios a medida que cierran las centrales eléctricas, según se establece en la directiva del RCDE de la UE. Igualmente, la aplicación de precios mínimos de carbono nacionales o regionales sería una medida idónea para reforzar el RCDE de la UE y ofrecer los incentivos necesarios para la eliminación del carbón.

El Pacto Verde ahora es mucho más importante

Algunas compañías aéreas ya están diciendo que deberían posponerse los planes de aplicación de impuestos ecológicos a la aviación. Esto demuestra cómo quienes se benefician del actual modelo económico contaminante e insostenible no pierden tiempo para utilizar la crisis sanitaria como excusa para debilitar la acción climática europea. Se trata de una actitud egoísta, oportunista e irresponsable.

Si bien las emisiones se están reduciendo temporalmente, es probable que vuelvan a aumentar tan pronto como se reanuden las actividades económicas. Nuestros gobiernos deben tener en cuenta las lecciones del pasado y hacer lo que no hicieron después de la crisis financiera de 2008: deben garantizar que los paquetes de estímulo respalden la transición a una economía verde en vez de apoyar a los principales contaminantes y perpetuar nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

Una Europa responsable con el medio ambiente es también una Europa más sana y más resistente para hacer frente a crisis como la del COVID-19. Nuestros dirigentes deben tener esto en cuenta a la hora de diseñar medidas de ayuda económica posteriores a la pandemia y también deben esforzarse para fortalecer, y no debilitar, la determinación europea de evitar la catástrofe climática.

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